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Los ODS (II) : una oportunidad para resolver problemas

Nuestra forma de vivir desconectada de nuestro entorno nos ha llevado a consumir recursos naturales a un ritmo de 1,7 veces[1] superior a la capacidad de regeneración del planeta y a acercarnos al agotamiento de las energías fósiles. Este balance no es igual en todas las partes del mundo y esto puede verse a través de la huella ecológica[2] de los países, pero a nivel global sí somos deficitarios. Nuestro estilo de vida consumista ajeno a los límites de los recursos naturales en gran parte del mundo nos ha llevado a consecuencias globales que nadie desea y que, si no actuamos, pueden comprometer seriamente nuestra existencia en el planeta[3].

En las sesiones dedicadas al medioambiente y la energía de la Conferencia Iberoamericana sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible  (ODS), reflexionamos sobre este gran reto planetario y sobre las oportunidades que se abren cuando incorporamos una visión global sobre nuestras actuaciones.  Hablamos sobre las oportunidades que surgen al incorporar diferentes miradas a través de alianzas multi-actor y al poner en el centro de nuestras decisiones el impacto económico, social y ambiental que de ellas se deriva.

La sesión plenaria, «Convirtiendo problemas en oportunidades»[1] estuvo representada por actores del sector energético, de la sociedad civil y de la academia e investigación.   En esta sesión varias de las presentaciones confluyeron en la idea de que la sostenibilidad solo es posible tomando decisiones basadas en una eficiencia global. Es decir, que el cálculo de la eficiencia no puede prescindir de los costes de las externalidades[2], tanto en el proceso de producción como en el de consumo. Todos esos costes también han de estar contemplados cuando comparamos nuevas soluciones más sostenibles con otras más tradicionales que a día de hoy no los incorporan. Así, cuando comparamos el coche eléctrico en relación con el coche tradicional, tendríamos que cuantificar sus costes de producción, consumo y reciclado incluyendo las externalidades negativas en todas estas fases. Por ejemplo, el coste de la producción y reciclado de las baterías de un coche eléctrico debería compararse con los costes de producción, emisiones de CO2 a lo largo de toda la vida útil de un coche tradicional y su reciclado.

Según el consultor sobre cambio climático David Saddington, el criterio de la sostenibilidad es algo que debe estar integrado en todas las decisiones de las organizaciones. No se trata de cumplir normas ni de compensar externalidades negativas a través de acciones de responsabilidad social corporativa, sino de crear productos y servicios que generen valor económico, y también valor ambiental y social[3].  Esto requiere conocer mejor las cadenas de valor[4] y sus costes ocultos, sobre todo en los sectores donde los consumidores no tenemos la capacidad de influir en las decisiones de negocio. En los negocios B2C[5], los consumidores, y en especial la generación de los millenial, hemos ejercido presión a través de nuestro poder compra para que muchas empresas consideraran la sostenibilidad ambiental y social en el desarrollo de sus productos, pero en los negocios B2B[6] aún se esconden prácticas que no son sostenibles.  Puso como ejemplo de este tipo de oportunidades de mejora dentro de una cadena de valor, el caso de un importador de café que decide apoyar a un productor mediante un contrato de largo plazo que le permita a este último acometer inversiones que mejoren la productividad de su actividad.  Desde esta perspectiva los ODS no son incompatibles con las oportunidades de desarrollo o crecimiento donde éste sea necesario. Muchas veces los vemos como un obstáculo porque queremos seguir haciendo más de lo mismo, pero si primero pusiéramos el foco en las necesidades de las personas y luego buscáramos las soluciones más eficientes globalmente, podríamos encontrar alternativas más sostenibles. Además, los proyectos más sostenibles son los que hoy en día suelen tener mayores posibilidades de financiación, dado que el mercado de capitales penaliza los proyectos que no tienen en cuenta el impacto ambiental y social que generan.  Aterrizó esta afirmación contando su experiencia como asesor del ministerio de transporte de Nigeria, deseoso de invertir en infraestructuras para mejorar la movilidad de sus ciudadanos de forma asequible. En este caso, Saddington propuso dar preferencia al desarrollo de trenes de alta velocidad por encima del de líneas aéreas e incentivar el uso de autobuses en lugar del de coches particulares para poder cubrir la necesidad de movilidad minimizando su impacto sobre el medioambiente. Finalmente nos habló de las alianzas, y en particular de las público-privadas, como oportunidades para cuidar del medioambiente. Lo ilustró con un ejemplo sencillo: un ayuntamiento que abre sus datos sobre movilidad en colaboración con una empresa privada que desarrolla una aplicación informática para facilitar el uso de la red de transporte público de la ciudad pueden conseguir que más gente opte por la movilidad pública.

Desde Iberdrola, Carlos Sallé, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático, retomó el tema de las externalidades y nos recordó que actualmente estamos sufriendo más desastres naturales como consecuencia del cambio climático y más enfermedades respiratorias a causa de la contaminación que nosotros mismos generamos. Estos fenómenos nos obligan a reconstruir infraestructuras dañadas y a gastar más en sanidad, sin que estos costes sean asumidos por las actividades económicas que los ocasionan. Aquí volvemos al problema de los daños globales que nadie quiere, pero a los que todos de alguna forma contribuimos por nuestra incapacidad de vernos como parte de una comunidad mundial.  Los ODS juegan un papel clave al ofrecernos esa visión global, que puede resultarnos lejana porque nuestras acciones no siempre impactan en nuestro entorno inmediato. Según Sallé, hay dos muy buenas noticias en el mundo energético. Una de ellas es que a día de hoy ya hay más de 70 iniciativas internacionales para medir, penalizar o controlar el coste de las emisiones de contaminantes a través de impuestos o mercados de derechos sobre estas emisiones.  La otra, es la posibilidad de descarbonizar la economía de forma competitiva debido a la espectacular bajada del coste tanto en producción como en consumo de las tecnologías renovables en los últimos años. En menos 7 años, el coste de la solar disminuyó en un 88%, la eólica de tierra, en un 77% y la eólica marina, en un 71%. En este nuevo contexto de oportunidades, somos las personas, en tanto consumidores y empleados, las que podemos influir en las organizaciones para que tomen la senda de una economía verde.

El difícil reto de conciliar diferentes perspectivas, cada una con sus propias lógicas y razones, lo trajo David F. Murphy, director del programa de liderazgo y sostenibilidad de la Universidad de Cumbria y experto en alianzas por el medioambiente. En su experiencia no es nada fácil ponernos de acuerdo, incluso en una alianza que es local y que tiene como propósito proteger la región que habitan sus socios.  La alianza por la región del Distrito de los Lagos en Inglaterra tiene el gran desafío de gestionar el impacto que dejan los 18 millones de turistas que anualmente visitan una zona apenas poblada por unos pocos miles de habitantes. Murphy puso de manifiesto esas visiones competitivas a través de las palabras confrontadas de un pastor local, James Reebanks y un ambientalista, George Monbiot. El pastor cuestiona la forma en que vivimos en las ciudades desconectados de la naturaleza y de cómo se producen nuestros alimentos y el ambientalista cuestiona la actividad de pastoreo que considera un sistema de destrucción ecológica. Cada uno tiene sus argumentos y sus seguidores y nos plantean el reto de conciliar estas diferentes visiones sobre un espacio en continuo cambio. El pastoreo ha sido una actividad habitual en la región durante cientos de años, pero el turismo, que también practica el ambientalista, es una actividad relativamente nueva que altera la vida cotidiana de los residentes. Entre estas dos visiones contrapuestas emerge la mirada de un fotógrafo y una escritora, Rob & Harriet Fraser que abogan por un diálogo abierto y generativo para encontrar el equilibrio entre ambas. Murphy también nos habló de iniciativas como la introducción de una moneda local que busca atraer y retener recursos en la región para mejorar la vida de sus residentes y compensar el encarecimiento de la vida que se produce cuando hay tanta presión turística.

Si hay alguien que ha sabido hacer de un problema una oportunidad es la gente de la ONG, Un litro de Luz[7], representados en este foro por su fundadora, Teresa González.  Ella nos contó que hoy en el mundo producimos más de un millón de botellas de plástico por minuto, de las que solo reciclamos el 9%.  También nos dijo que más de 1.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a la electricidad y nos hizo tomar conciencia de esta situación imaginando nuestras rutinas sin luz y escuchando los testimonios de quienes viven a diario en la oscuridad de sus casas. Para paliar esta situación de millones de personas, esta ONG lleva luz a hogares de bajos recursos tan solo instalando en sus techos una botella reciclada de pet con agua, cloro y pegamento.  Algo tan simple y a la vez tan extraordinario.

De las sesiones paralelas sobre este tema, tuve la oportunidad de participar en «Circularizate: una visión 360 para impulsar la economía circular»donde nos cuestionamos cómo contribuir a la creación de entornos sostenibles reciclando basura y circularizando recursos.  «¿Qué es basura?», nos preguntó Mónica Gutiérrez, del colectivo Basurama. «¿Es basura una casa no habitada? ¿Una carretera infrautilizada? ¿Un aeropuerto sin aviones?». Necesitamos profundizar en el debate sobre la inversión y el consumo responsable en lugar de pensar que la sostenibilidad es sólo cuestión de reciclar.  Hemos calmado temporalmente nuestras conciencias, pero seguimos generando residuos en proporciones que somos incapaces de circularizar.

De la presentación de Dulcinea Mejide de Suez España tomamos renovada conciencia de la huella hídrica y la escasez del agua que se está generando con nuestros hábitos de consumo, tanto urbano como para la producción agrícola e industrial. Estamos frente a un serio problema de incentivos económicos que fomentan un consumo desconectado de las realidades a las que nos enfrentamos en el corto y medio plazo. La escasez de agua potable que recientemente sufrió la ciudad del Cabo en Sudáfrica es una muestra de este escenario que puede avecinarse en más sitios del planeta en los próximos años.

También tuvimos la oportunidad de escuchar a Javier Goyeneche, fundador de Ecoalf, contar los proyectos de su empresa para reciclar los océanos. El proyecto comenzó en el puerto de Villajoyosa donde los pescadores contribuyen al reciclado de la basura que recogen en sus redes y llega hasta Tailandia y Filipinas, dos países abrumados por el problema de los residuos plásticos. Sorprendentemente un 80% de esos plásticos recogidos por los pescadores se reciclan para producir el hilo que esta b corporation[8] española utiliza en la producción de textiles y prendas de vestir. A través de un vídeo Goyeneche explicó cómo producen hilo sintético a partir de residuos y cómo este proceso demanda sensiblemente menos recursos que el de producirlos partir de derivados del petróleo. Entonces uno podría pensar que si consumiéramos más textiles naturales que derivados del petróleo seríamos más cuidadosos con el medioambiente. Sin embargo, Goyeneche se ocupó de recordarnos que la fabricación de una sola camiseta de puro algodón requiere 2.500 litros de agua.  Los datos sobre nuestro uso ineficiente de los recursos y nuestra inmensa generación de residuos, apabulla y nos llama a la reflexión sobre la necesidad de ser consumidores más responsables y contribuir más a la circularización de la economía[9] para que en entre todos podamos revertir la degradación del planeta.

Concluyo estas notas compartiendo dos reflexiones de Goyeneche que me han llamado la atención y que resumen algunas de las principales ideas expuestas en las sesiones dedicadas al medioambiente. La primera conecta con lo que decía Saddington sobre crear oportunidades integrando la sostenibilidad: «Las b-corporations pueden no ser las mejores compañías del mundo, pero sí son las mejores para el mundo». Y aquí me pregunto si estas empresas con una misión económica, social y ambiental no serán también las mejores del mundo si las valoramos en términos de eficiencia global.  La otra reflexión conecta con la necesidad de crear conciencias para cuidar de nuestra tierra: «No se trata del planeta que dejaremos a nuestros hijos, sino de los hijos que dejaremos a nuestro planeta». Esta idea nos toca de cerca como fundación dedicada al desarrollo de capacidades al servicio del bienestar de las sociedades iberoamericanas. Visibilizar que los ODS son una oportunidad para resolver problemas relevantes de nuestro tiempo es también nuestra responsabilidad y nuestra contribución para construir un mañana más sostenible para todos.

 

Irene Zurborn

Directora de Proyectos Internacionales

 

[1] La conferencia completa puede verse en: https://www.conferenciaods.com/sigue-la-conferencia-en-directo/

[2] En este contexto se entienden a las externalidades como los costes que surgen cuando la decisión de consumir o producir genera algún impacto negativo en el entorno que afecta el bienestar de otros sin que ello sea transmitido a través de precios o mecanismos de mercado y por tanto, generando una pérdida de eficiencia en términos globales.

[3] Los productos que generan valor económico, social y ambiental se refieren al término en inglés “Creating Shared Value” que usó Saddington en la conferencia y que fue acuñado por Michael Porter en el artículo de la Harvard Business Review:  “Strategy & Society: The Link between Competitive Advantage and Corporate Social Responsibility”

[4] La cadena de valor es un modelo teórico desarrollado por Michael Porter que describe las actividades de una organización que generan valor al cliente final y a la misma empresa. Es un concepto similar al de cadenas de suministro o cadenas de producción, aunque el foco está puesto en el valor que se añade en el proceso.

[5] B2C: Business to consumer son negocios que venden productos o servicios a consumidores finales

[6] B2B: Business to business son negocios que venden productos o servicios a otras empresas.

[7] Para saber más sobre esta iniciativa puedes ver la web http://unlitrodeluzcolombia.org/

[8] Las b corporation son empresas que persiguen un objetivo superior al de generar ganancias económicas e innovan para maximizar su impacto positivo en los empleados, en las comunidades que sirven y en el medio ambiente. Para saber más: https://bcorporation.eu/spain

[9] Para saber más sobre circularización de la economía se recomienda leer “La estrategia española sobre economía circular”.

 

[1] Indicador para 2018 publicado en World Footprint: https://www.footprintnetwork.org/our-work/ecological-footprint/

[2] Para más información sobre la huella ecológica, puedes descargar el informe de WWF en https://www.wwf.es/nuestro_trabajo_/informe_planeta_vivo/huella_ecologica/

[3] Carlos Sallé expuso en su intervención que la subida de la temperatura media del planeta en 1.5º prevista para dentro de cinco años es una preocupación generalizada en el mundo científico por sus consecuencias impredecibles sobre el planeta.

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